sábado, agosto 30, 2008

William Buttler se levanto de su cama de un tirón

William Buttler se levanto de su cama de un tirón, cojio la toalla del suelo y escupió en ella el enésimo amasijo de sangre con el que todas las mañanas se encontraba en su boca. Volteando rápidamente y buscando el espejo; que no acudió a su encuentro, ya inútil y en pedazos adornando la alfombra del cuarto; a su lado y pálida, palidísima, estaba la mujer más bella de cuantas tenia memoria habían compartido su cama, atino a saludar balbuceando, sin tener ni la mas mínima pista de quien era; solo pudo pensar; coño, cuando pierdo el sentido levanto mas, pasan cosas maravillosas -debe ser virtud de los comemierdas de mi tipo-.

Del día anterior solo recordaba haber salido de su casa bastante temprano para su gusto, para rebuscarse con que pagar la cuota de la veinteava tarjeta de crédito que había sacado y llenado. Hay que reconocer que era un berraco para eso de hacer creer a los bancos que estaba cagado en plata, por lo menos hasta que el hijo de puta datacredito lo reportara. Después de salir de su casa y llegar a la estación del metro el mundo se le había borrado de un trancazo.

Contra todos los pronósticos, contra el destino, contra su propia naturaleza, contra sus mañas de eyaculador precoz, contra su tristeza y su mala leche; sabrá dios y el diablo como, aquella chica lo miraba con ojos de haber disfrutado la noche que acababan de compartir. William, derrotado y queriendo que por lo menos alguien lo recordara con cariño, entendió que no había opción, el verdadero William había vuelto y a la belleza que tenía enfrente, sin musitar palabra, había que acompañarla hasta la puerta.